lunes, 12 de diciembre de 2011

ººCambio de ritmoºº



Les quiero agradecer a tod@s l@s que han seguido este blog. No sólo por leerme, sino también por dejarme ayudarles un poco, por abrir su corazón y su mente, por querer salir también de este infierno en que la mente nos ha metido.
Gracias, sobre todo, por sus comentarios. En verdad me dieron ánimos cuando quise desfallecer, me dieron fuerzas, me hicieron saber que no estaba sola en esta lucha.
Ahora, un año y medio después de eliminar por completo mis síntomas, llevando una vida mucho más feliz y saludable, creo que dejaré de escribir en este espacio sobre el tema que tanto me obsesionó... ¿por qué? porque ya no me obsesiona más.
L@s invito a que conozcan mi verdadera identidad, a la persona que hay detrás de Isidra Parra, a la verdadera yo, a la yo recuperada: Laura Juliana.
Seguiré escribiendo , por supuesto, pero de muchos otros temas que tal vez les interese. Por eso, si quieren seguirme en este nuevo ritmo, l@s invito a: http://laurajuliana.wordpress.com/

Gracias y un abrazo muy fuerte,
Juliana.

lunes, 29 de agosto de 2011

°°Un nuevo día uno°°

La teoría "Sólo 100 días" funcionó. Al menos para mí. Al menos para mi adicción a los atracones y a la bulimia. Y si funcionó para eso, ahora quiero comprobar que funcionará para un nuevo objetivo.

Antes de comenzar un nuevo "Sólo 100 días" (lograr durante cien días seguidos un hábito, o dejar a un lado cierta adicción durante cien días) me pregunté ¿Qué quiero lograr, por qué, para qué y cómo? Tener claro esto es vital, pues una meta que de verdad nos motive y que de verdad queramos alcanzar, a pesar de los sacrificios que haya que hacer, es el primer gran paso al triunfo.

Era difícil escoger sólo una meta de todas las que deseo:
  • Quiero ser una excelente escritora
  • Quiero tener un trabajo estable y en el que me sienta exitosa
  • Seguir con mi relación actual, cada vez más enamorados, felices y unidos
  • Leer más, ver más cine, saber más de arte
  • Hacer ejercicio rutinariamente y sentirme bien con mi cuerpo
  • Tener una alimentación sana, balanceada y exquisita
  • Hacer frecuentemente cosas que me den placer: como viajar, consentirme, etc.

Después de mucho meditar, encontré un objetivo que podría llegar a ayudarme a conseguir los demás objetivos: hacer yoga.

Ahora la respuesta a la segunda pregunta ¿por qué? Esta tiene que ver con la relación que tiene nuestro objetivo con lo que somos de verdad, con lo esencial, con nuestro estilo de vida o con lo que creemos que le da sentido a nuestra existencia. Algo así como la misión en la vida. Tal vez sea exagerado decir que el yoga es todo esto, pero, como dije, me ayudará con lo que sí es esencial. De todas formas, he encontrado algunos por qués y del yoga:
  • Porque hace parte de un estilo de vida saludable y espiritual
  • Porque busco aclarar mis pensamientos, concentrarme en mis metas
  • Porque la prioridad del cuerpo es respirar. El yoga enseña a respirar.
¿Para qué?
  • Para vencer la ansiedad por la comida, o la ansiedad ante las frustraciones que he venido teniendo
  • Para ser una persona más disciplinada
  • Para ser más organizada con mi tiempo y mis prioridades
  • Para ganar elasticidad, firmeza, concentración
  • Para mejorar mi digestión
  • Para volver a demostrar la teoría de los 100 días y poderla aplicar con muchas otras metas
  • Para relajarme, regalarme tiempo a mí misma, bajarle al estrés
  • Para tomar decisiones más racionales y conectadas con mi interior y menos impulsivas
  • Para curarme de la migraña (muchas veces producida por estrés y mala digestión y circulación)
  • Y sí... para bajar algo de peso

¿Cómo lo voy a lograr?
  • Misma regla que apliqué en mi anterior conteo de cien días: si un día fallo vuelvo a comenzar
  • Ser consiente de que habrá días en los que no quiera hacerlo más. Entonces usaré el método de obligarme a hacer algo que por pereza o debilidad no quiero pero que sé que en el fondo lo deseo. También se le puede llamar el método "sólo haz".
  • Voy a hacerlo lo más divertido y placentero posible. Por eso haré diferentes rutinas para no aburrirme de una misma clase de yoga. Por ejemplo voy a empezar con las series de yoga de Discovery Home and Health, luego con unos videos que descargué de un instructor que me encanta (Rodney Yee), pues es muy fácil y dinámico. Además, descargué una compilación excelente de música para hacer yoga: Putumayo presents Yoga. Seguro en la marcha encontraré más música y videos inspiradores.
  • Iré una que otra vez a clases con otras personas, a fin de cambiar de ambiente, conocer más gente interesada en el yoga y aprender otras técnicas.
  • La idea es hacer como mínimo 15 minutos de yoga al día, no importa la hora. Aunque seguro que lo más recomendable será hacerlo en la mañana.

Bonus
Junto con la meta de "Sólo 100 días haciendo yoga" quiero lograr algo más. Algo que necesito erradicar para prevenir una recaída en la bulimia o ganar peso. Esto es: NO PICAR entre comidas. La idea es que uno coma tres grandes comidas al día y dos colaciones en caso de sentir hambre. Estas 5 comidas deben hacerse siempre sentado, sin afán y disfrutando el alimento. Si está por fuera de eso significa que estoy picando, que sólo me estoy llevando calorías a la boca sin disfrutar y como método para calmar mi ansiedad. Obviamente hay un par de casos en los que se amerita picar: cuando conlleva a una experiencia (por ejemplo con la familia o amigos) y cuando se hace con total conciencia de que será placentero y mesurado. Si logro esto, junto con lo del yoga, estaré muy muy bien.

Ya les estaré contando.
Un abrazo enorme,
Isidra.

domingo, 17 de abril de 2011

°°Un año después de 100 días°°


Imaginaba que un tiempo mejor llegaría, fantaseaba la tranquilidad al no sentirla, trataba de pensar en que recuperaba mis sentidos y su capacidad de disfrute, suponía que en algún momento mi cabeza no fuera un lugar de batalla entre diferentes 'yo' y que la ganadora no fuera siempre esa voz que me maltrataba... pero, finalmente, despertaba, recordaba mi realidad (era una bulímica depresiva) y me decía que era inútil, que esos sólo eran sueños.

Esa misma desilusión de mí misma le dió paso al pensamiento que me sacaría de esa pesadumbre: "¿en verdad quiero estar así toda la vida? ¿En verdad no vale la pena hacer realidad todo eso que imagino?". Definitivamente quería salir de ese hoyo tan rápido como me fuera posible y así empecé con "sólo 100 días"... Sólo 100 días por fuera del hoyo, sólo 100 días de paz en mi cabeza, sólo 100 días de no vomitar o de atrancarme, mis dos grandes vicios.

Hace una semana cumplí un año sin sucumbir a esos vicios. Un año de bienestar, después de cuatro años de enfermedad (sin contar los primeros síntomas en años anteriores). Un año que pensé que nunca llegaría. ¿Fácil? para nada, pero ha valido la pena 100% porque he logrado lo siguiente:

  • Repito: no vomitar, ni atrancarme.
  • No hacer ayunos (algunas bulímicas solemos tener periodos de anorexia)
  • Mantener el mismo peso y que ese peso sea saludable (Índice de masa corporal de 20)
  • Hacer más ejercicio por placer
  • No deprimirme, sólo entristecerme (hay una gran diferencia)
  • Mejorar mi autoestima
  • Tener una relación de pareja más feliz
  • No refugiarme en la comida a pesar de las dificultades laborales y sentimentales por las que he pasado este último año
  • No buscar otros vicios, sino racionalizar más mi situación
El cómo lo he logrado está consignado a lo largo de este blog. Verán los pensamientos que más me ayudaron, los otros refugios que encontré ante los problemas, la técnica de obligarme a hacer algo hasta lograr que se volviera una costumbre (por ejemplo, no vomitar por más llena que me sintiera). Verán que he caído, pero que siempre volvía a comenzar... debía lograr los 100 días.

Y después de lograrlo, tal y como era mi teoría, comprobé que no podía volver a caer, que no quería, que no lo necesitaba. Los retos han ido cambiando, ahora debo fortalecer ciertas actitudes y costumbres, luchar por metas más altas y, sobre todo, hacerme inmune a la recaída.

Estos serían las metas en las que me concentro ahora y algunas ideas que tengo para lograrlas:
  • No frustrarme tan fácil, no querer renunciar ante cualquier dificultad: no tomar decisiones ni actuar impulsivamente,
  • No envidearme, es decir, no darle tanta trascendencia a ciertas ideas y obsesionarme con ellas sin llegar a ningún lado: obligarme a no pensar, escribir la idea en cuestión para racionalizarla más ordenadamente, volver a ella con cabeza 'más fría'
  • Dejar de picar tanto entre comidas: picar frutas, verduras y té, obligarme a no picar hasta que se vuelva costumbre, manteniéndome ocupada.
  • Comer porciones un poco más pequeñas: masticar más y más despacio, más variedad y menos cantidad
  • Hacer ejercicio de forma más periódica: me inscribí al gimnasio, seguir llendo a las caminatas ecológicas
  • Concentrarme más cuando trabajo, ser más productiva: destinar momentos para el ocio para no necesitarlos justo cuando esté trabajando
  • Seguir mejorando mi autoestima: haciendo cosas que me hagan crecer como persona (escribir y leer más, hacer obras sociales), ejercicio, más unión familiar, fortalecer las pocas pero valiosas amistades que tengo.
  • Trabajar en actitudes como la culpa y la dependencia afectiva: estar de mi parte y si no lo estoy al menos no admitirlo a todo el mundo, racionalizar mis temores escribiéndolos o dándoles tiempo y para la dependencia lo mejor es quererme más, saber que sólo me necesito a mí misma para vivir, para ser feliz.
Espero, como siempre, haberles ayudado en algo, darles ánimo y convencerlas un poquito más de que sí se puede.


viernes, 18 de febrero de 2011

°°La técnica de la contención°°




Contención
1.
f. Acción y efecto de contener (sujetar el movimiento de un cuerpo). Un muro de contención.

Contener

2. tr. Reprimir o sujetar el movimiento o impulso de un cuerpo. U. t. c. prnl.

3. tr. Reprimir o moderar una pasión.



Hoy quiero revelar la parte buena de algo que siempre nos han dicho que es muy malo: contener nuestras emociones, si se quiere reprimirlas.

Debo aclarar que no estoy de acuerdo con que reprimamos siempre nuestras emociones. Creo, de hecho, que ese es una de las causas de ciertas enfermedades. Hay quienes sufren de gastritis porque desean decir, y no lo hacen, que no están de acuerdo con algo y eso les carcome, literalmente, las entrañas. Hay quienes son explosivos, espantosamente explosivos, porque dejan acumular sus quejas hasta que revientan en el lugar y de la forma menos adecuados. Yo, por ejemplo, creo que me refugié en la comida y, posteriormente en el vómito, por el estrés que me generaba guardarme mis desacuerdos (lo que hacía para evitar defraudarlos o verme débil... ese hecho de querer parecer siempre perfecta ante los demás. Como si perfecto fuera alguien que nunca se queja).

En fin, soy promotora de que digamos lo que tengamos que decir de la manera más apropiada (tono de voz, palabras precisas, honestidad), así la verdad duela y así causemos la temida decepción. Debemos estar de nuestra parte y ser capaces de encarar los problemas y a las personas diciendo: "esta soy yo y esto es lo que pienso. Te guste o no". Soy defensora de poder decir NO, BASTA, ESTOS SON MIS LÍMITES y no esperar a que llegue la 'gota que rebose la copa'.

Entonces ¿para dónde voy? Quiero referirme a esos momentos en los que por acumular sentimientos, por intolerancia a la realidad (por ejemplo, nos enteramos de que alguien nos mintió o de que subimos un kilo, o perdimos un trabajo), por nuestras reacciones instantáneas muy emocionales y poco meditadas, estallamos! Y así, buscamos comida, buscamos el teléfono para llamar a insultar a ese alguien, buscamos (y no exagero) una cuchilla para hacernos pequeñas cortaditas o un sin fin de cosas para hacernos daño o hacérselo a los demás. Ahí, justo ahí es cuando debemos contenernos. Antes de decirles 'cómo' les pondré un ejemplo de algo que me sucedió hace poco:

Estaba paseando por Facebook y me topé con unas fotos de mi novio con una de sus ex (de cuando todavía estaba con ella). Me comparé (¿quién no lo hace?) y pensé que ella era más bonita. Recordé los defectos que él me conoce y que seguramente de ella no se había decepcionado tanto como de mí. Concluí que la quiso más a ella de lo que me quiere a mí. En fin, fui formando una bola de nieve grande, grandísima. ¿Estúpido? sí, por supuesto, pero cada una de nosotras tenemos nuestros momentos de flaqueza. Antes, en mis peores épocas, hasta lo hubiera llamado llorando a decirle que por qué no estaba mejor con ella (¿se imaginan su cara? diría ¿pero de qué coños me está hablando esta mujer?). Esta vez no lo hice, pero quería hacer algo también perverso: dañarme a mí misma. Lo mismo de siempre: desocupar la nevera y luego ir al baño. ¿Saben? Aunque estaba muy alterada no lo hice. ¿Cómo? con la técnica de la contención.

¿Por qué esta técnica y no otra? Porque, admitámoslo, en esos momentos no queremos pensar, sólo actuar, llorar, desmadrarnos con la vida. Seamos realistas: no vamos a sacar un cuadernito a escribir nuestras emociones. No vamos a llamar a nuestra psicóloga para que con dos frases nos calme. No vamos a empezar a hacer yoga. Nada de eso. Sólo nos queda agarrarnos a nosotras mismas a la fuerza para que no hagamos nada malo mientras tenemos la ira a flor de piel. Imagínense esa típica escena de la tele o de la calle: un par de hombres se agarran a puños y la única forma de parar la lucha es es contenerlos a la brava.

Ahora ¿cómo hacemos esto con nosotras mismas?
Claro, no debe existir una fórmula infalible y, además, todos somos universos diferentes. Pero quizá les sirva saber lo que me sirve a mí:
  1. Apago el celular y el computador.
  2. Me alejo de lo que me está haciendo daño (en mi caso, las fotos. también puede ser un lugar, una persona, etc, etc).
  3. Busco el silencio, la soledad, la privacidad. En mi caso, el lugar perfecto es mi habitación, con puerta y cortinas cerradas.
  4. No importa la hora que sea, me meto bajo las cobijas, dejo mi cuerpo en posición fetal, me abrazo las piernas.
  5. Lloro si tengo que llorar, grito si tengo que hacerlo. Pero no permito salir a hacer nada.
  6. Como no hay lugar para pensamientos racionales, sólo me repito, mecánicamente, alguna frase que me ayude: "Dios mío, ayúdame", "cálmate", "tranquila, no pasa nada", "es normal", "estoy de mi lado", etc. No se crean locas, realmente funciona repetirse la misma frase, les aseguro que dentro de su cabeza no hay nada mejor por decirse, sólo más acusaciones, culpabilidades, voces de ira.
  7. En el mejor de los casos me quedo dormida.
  8. Un tiempo después, generalmente un par de horas después (sí, hay que tener paciencia), o después del sueño, me siento más tranquila y, de paso, FELIZ porque no sucumbí a mi ira ni hice nada de lo que después me iba a arrepentir.
  9. Ahí es cuando aprovecho y reflexiono sobre el caso: escribo en mi diario, llamo a alguien, propongo soluciones, busco causas del problema a fin de que no vuelva a suceder... todo, con cabeza fría.
  10. Me levanto y, como ya estoy más tranquila, ya tendré la energía para hacer algo placentero. Eso del placer, lo repito por enésima vez, sí sirve. Entonces salgo, busco buena compañía, pongo buena música, voy a cine, me doy un baño, etc.
Sí, es cuestión de conocerse a uno mismo, de tener la fuerza para no sucumbir a la ira y, en cambio, abrazarse a uno mismo y darse cariño.

Espero ayudarlas. Y si les gustó este post, por favor, difúndanlo y comenten.

lunes, 7 de febrero de 2011

°°Enseñanzas de la maratón°°


Seguro ya conocen la noticia. Durante un año, sin parar un solo día, Stefaan Engels, con 49 años, corrió 365 maratones seguidas. Es decir, 42 kilómetros diarios!! 15.401,74 Kilómetros en total!! Cómo lo hizo? Por qué lo hizo? Por qué nos importa?

A continuación pondré algunos de los apartados de las declaraciones del 'Marathon Man' con las cuales no espero que ustedes o yo superemos este récord, sino que apliquemos esta experiencia en la meta que cada cual tenga en su vida: superar la anorexia, superar la bulimia, hacer un poco más de ejercicio, dejar de ser depresiva... Estoy segura de que ninguna de estas metas son fáciles ni tampoco menos importantes que correr 365 maratones. Díganmelo a mí. Además, éste hombre me hace pensar en mi 'teoría' de "Sólo 100 días".

  • Cuando niño le diagnosticaron asma, y le dijeron que no podría hacer deporte. Pues sí se pudo: "Primero empecé corriendo un kilómetro, luego 5, luego 40".
  • "No veo mi año de maratones como una tortura, sino como un trabajo fijo. Corro igual que una persona que va cada lunes por la mañana a trabajar, tenga ganas o no".
  • "Hay quien dice que estoy loco, que esto no es sano, y yo les digo ¿quién está más loco, yo o todos los que se sientan a ver la televisión comiendo patatas y cacahuetes?".
  • Para Engels su éxito se basó en no pensar en el mañana, y en marcarse un objetivo fijo: "El problema era pensar en correr una maratón cada día. Sólo me preocupaba por correr ese día y no pensar en el día siguiente o en la semana siguiente".
  • Ahora trabajaré en un libro llamado "eligiendo el camino difícil". Porque descubrí que si puedes hacer eso, el resto de tu vida será fácil.
  • Mi mensaje: ¡Atrévete a cambiar tu vida. Atrévete a perseguir un objetivo y abandona el camino en el que estás apunto de oxidarte".
  • "Una vida activa se traduce en un cuerpo más sano y una mente más aguda, los ingredientes para una mejor calidad de vida".
  • "La verdad, aunque yo siempre iba corriendo, nunca pensé que eso me llevara a ningún lado" -.Forrest Gump

lunes, 17 de enero de 2011

Desprenderse... para poder viajar


Después de un largo viaje, retorno a mí misma. Retomo mis letras, retomo este diario con el que algún día tuve la esperanza de salvarme.

Estando en lo más alto del mundo, aunque no fuera lo más alto; estando frente al paisaje más bello, así los expertos dijeran lo contrario; me dí cuenta de que para poder estar allí de verdad, para poder estar ahí y allá, o tal vez en otro lugar más hermoso, necesitaba desprenderme.

Desprenderme del miedo, de los errores sin remiendo, de tantos trastos materiales, de la sucesiva comparación con un antes o con otra al parecer más bella, de ambiciones irreales, de la insistencia en que el pasado sigue presente, de apegos sentimentales, e incluso de la comodidad.

Con todo eso en la maleta, a cuestas, es difícil dejar que la mirada se pose en el horizonte minutos, horas, simplemente repasando la silueta de las montañas o hacerse la imposible pregunta de por qué el hielo es tan azul.

Con esas pesadas cargas es difícil sonreírle al amor de tu vida, que quizá te acompañe, sin pensar en que no te lo mereces, que no eres tan bella como su exnovia, o en que algún día él tendrá que partir...

Con un equipaje tan desastroso, como por ejemplo la bulimia o la obsesión por comida/figura, ni sueñen con disfrutar plenamente un Rodizzio en Buenos Aires, sin sentir que se ha engordado, sin comer desaforadamente por la fuerza de la culpa, sin ir al baño para perpetuar una vez más esa enfermedad.

Es inevitable no llevarse al menos uno de esos 'trapitos' en la maleta. En mi caso, creo que pude deshacerme de la mayoría. El paisaje, el amor, la carne y un mundo de cosas nuevas ameritaban hacerlo. No es fácil, pero tampoco imposible. Creo que la clave está ignorar esas cargas. Es decir, si muchas de esas obsesiones hacen parte de uno aparecerán en algún momento, pero lo importante es no actuar conforme a ellas (sí, uno se puede obligar a no hacerlo) y tratar de pensar en otro asunto. Claro, en un viaje es mucho más fácil embelesarse con otros asuntos de verdad placenteros.

Desprenderse de 'x' cosas que no queremos en nuestra vida porque hace infeliz a todo el mundo (incluyéndonos a nosotras mismas) es un trabajo que requiere persistencia. Basta de decirse que no se puede, de alimentar con palabras de desánimo a nuestra 'yo' que se detesta, de creer que es posible vivir en un mundo de princesas, de evitar otros caminos (como una vida más activa, una alimentación que incluya todo, la meta de llenar nuestra mente de cosas inteligentes y no de tablas de calorías, etc.) que sabemos que también funcionan aunque no sean nuestro lugar seguro.

Para mí, desde ya hace unos meses, quedó 'prohibido':
  • Decirme cosas feas a mí misma: qué estúpida, qué gorda y horrible soy, no voy a cambiar nunca, todos son mejores que yo, no tengo nada bueno. Recuerden que la mente le hace caso a todo lo que nos decimos. De hecho me digo lo contrario, es decir, trato de reconocer las cosas que hago bien, de recordar lo que he logrado, de estar de mi lado.
  • Perder la calma, hacer algo impulsivo. Al contrario, me contengo, dejo que la angustia me abandone (como siempre lo hace) luego de 5 ó 10 minutos. Incluso 200, vale la pena.
  • Vomitar, atrancarme. Como lo he dicho antes: son el origen de los problemas de peso y obsesiones, no una consecuencia ni una solución.
  • Lastimarme. Es más rico cuidarme, consentirme, buscar lo mejor para mí misma, descubrir y volver a ensayar fuentes de placer (por algo he hecho post completos sobre listas de placer).
  • Hacer algo que sé que no tendrá los resultados que quiero. Por ejemplo, una dieta extrema, vómito, tratar de manipular a mi novio. Einstein lo decía mejor: "Sólo un estúpido hace lo mismo esperando resultados diferentes".
Y no hablo de prohibiciones que duelen. Por principio racional, la lista anterior tiene bajo la manga salud y placer duradero.

Para finalizar quiero hacer una pequeña reflexión sobre la foto que acompaña este post. Soy yo, esperando la línea de un subterráneo. Este retrato me hace pensar en lo feliz que soy cuando logro quedarme quieta y simplemente sentir (incluso detener los pensamientos), aunque el rsto del mundo se mueva a una velocidad vertiginosa.

Feliz año y gracias a las que se han pasado por aquí a dejar sus comentarios. Los leo todos, aunque no todos pueda responderlos.

jueves, 18 de noviembre de 2010

ººEtapas de recuperaciónºº


En mi experiencia he visto a esta lucha contra la bulimia y la adicción a la comida por etapas:

1. Reconocimiento del problema
Hay quienes jamás se dan cuenta de que están enfermos, sino hasta que su familia se preocupa por lo más evidente: los cambios físicos. En mi caso, me di cuenta de que lo que estaba haciendo no era normal, que afectaba mi vida a los que quería, que estaba sufriendo, que estaba poniéndole muchos obstáculos a mi felicidad, que no quería vivir de esa manera y prefería morir.

2. Querer cambiarlo
Es tal vez el punto más importante, es tomar la decisión de salirse de una burbuja que, aunque nos ha hecho sufrir, ha sido cómoda y es lo que sabemos hacer. Es, además, tener la certeza de que esto sí tiene cura (aunque no sea un milagro). Es levantarse -porque vendrán muchas caídas- siempre que sea necesario por la simple convicción de querer cambiar. No hay psicólogo, terapia, medicina que pueda ayudar a una anoréxica o una bulímica si ella, simplemente, quiere seguir con su estilo de vida a pesar de las consecuencias. ¿Por qué salirse entonces? porque se ha sufrido mucho, porque se quiere vivir la vida de una manera más placentera, porque se cree.

3. División de las ideas racionales y las irracionales
En este punto recomiendo la ayuda de un psicólogo y nutricionista, pues a veces no nos damos cuenta de que un hábito alimenticio que creemos 'saludable' es en verdad nocivo; o porque estamos convencidas de algo y no sabemos que es eso lo que nos hace daño hasta que alguien más nos hace caer en la cuenta. Incluso hay razones en nuestra historia (infancia, adolescencia) que explican nuestro comportamiento y lo desconocemos.

4. Replanteamiento
Replantear lo que uno realmente quiere y hacer un plan (flexible, realista, placentero) para conseguirlo por una vía diferente a la que estamos acostumbradas (lloriqueos, anorexia, bulimia). Esto incluye el plan de vida, el nutricional, el de ejercicio, etc. En este punto son decisivas varias cosas: la autoestima, el apoyo externo, el placer, el aprendizaje, la distracción, la capacidad de adaptación y la aceptación de cosas que no gustan pero que son la vida!!

5. Fuerza de voluntad
Para mí, fuerza de voluntad es 'obligarnos' a comportarnos de cierta manera que sabemos que nos ha de ayudar (punto 4) y a desechar ciertos pensamientos a fin de que esto, que es tan nuevo y a veces incómodo, se vuelva una rutina, nuestro nuevo estilo de vida, que lo normalicemos para que deje de ser incómodo (por raro que parezca, cuando estamos enfermas, es más incómodo no vomitar que vomitar... pero cuando sanamos, vomitar es lo más asqueroso e incómodo del mundo). La fuerza de voluntad no viene sola, hay que ayudarnos con herramientas que hagan la transición más fácil (ej: el placer, escribir un diario, etc).

6. Estabilización
La recuperación en general no consiste en ponerse todas las metas de una vez. Es paso a paso. Incluso la estabilización requiere fijarse nuevas metas. Por ejemplo, yo ya logré de dejar de atrancarme y vomitar, pero ahora debo dejar de picar tanto y de ser tan ansiosa con la comida; dejé de ser sedentaria, pero quiero hacer ejercicio unas tres veces a la semana; dejé de ser dependiente amorosa, pero debo dejar de ser tan dramática, etc.
Estabilizarse es no bajar la guardia: evitar episodios que antes nos generaban crisis (ej: una comida en la que se coma de la fuente) y si tenemos que enfrentarlos hacerlo con una armadura puesta (ej: servirnos en un plato y luego comer sólo de él). En fin, hay que evitar caídas que nos torpeden el punto dos o que nos hagan volver a creer en cosas irracionales: el que desconoce su historia (en este caso todos los puntos anteriores por los que ha tenido que pasar) está condenado a repetirla.


---
Claramente esta es la teoría, se necesita paciencia, tiempo y una transformación mental profunda para poder dar cada paso. Supongo que las herramientas y reflexiones que hacen parte de lo grueso del asunto es lo que he tratado de plasmar en este blog.

Corto por hoy y quedo atenta a sus comentarios. Un abrazo.


---
*Ilustración: Susana Velazco, http://susanavelascodibujo.blogspot.com/