
Después de un largo viaje, retorno a mí misma. Retomo mis letras, retomo este diario con el que algún día tuve la esperanza de salvarme.
Estando en lo más alto del mundo, aunque no fuera lo más alto; estando frente al paisaje más bello, así los expertos dijeran lo contrario; me dí cuenta de que para poder estar allí de verdad, para poder estar ahí y allá, o tal vez en otro lugar más hermoso, necesitaba desprenderme.
Desprenderme del miedo, de los errores sin remiendo, de tantos trastos materiales, de la sucesiva comparación con un antes o con otra al parecer más bella, de ambiciones irreales, de la insistencia en que el pasado sigue presente, de apegos sentimentales, e incluso de la comodidad.
Con todo eso en la maleta, a cuestas, es difícil dejar que la mirada se pose en el horizonte minutos, horas, simplemente repasando la silueta de las montañas o hacerse la imposible pregunta de por qué el hielo es tan azul.
Con esas pesadas cargas es difícil sonreírle al amor de tu vida, que quizá te acompañe, sin pensar en que no te lo mereces, que no eres tan bella como su exnovia, o en que algún día él tendrá que partir...
Con un equipaje tan desastroso, como por ejemplo la bulimia o la obsesión por comida/figura, ni sueñen con disfrutar plenamente un Rodizzio en Buenos Aires, sin sentir que se ha engordado, sin comer desaforadamente por la fuerza de la culpa, sin ir al baño para perpetuar una vez más esa enfermedad.
Es inevitable no llevarse al menos uno de esos 'trapitos' en la maleta. En mi caso, creo que pude deshacerme de la mayoría. El paisaje, el amor, la carne y un mundo de cosas nuevas ameritaban hacerlo. No es fácil, pero tampoco imposible. Creo que la clave está ignorar esas cargas. Es decir, si muchas de esas obsesiones hacen parte de uno aparecerán en algún momento, pero lo importante es no actuar conforme a ellas (sí, uno se puede obligar a no hacerlo) y tratar de pensar en otro asunto. Claro, en un viaje es mucho más fácil embelesarse con otros asuntos de verdad placenteros.
Desprenderse de 'x' cosas que no queremos en nuestra vida porque hace infeliz a todo el mundo (incluyéndonos a nosotras mismas) es un trabajo que requiere persistencia. Basta de decirse que no se puede, de alimentar con palabras de desánimo a nuestra 'yo' que se detesta, de creer que es posible vivir en un mundo de princesas, de evitar otros caminos (como una vida más activa, una alimentación que incluya todo, la meta de llenar nuestra mente de cosas inteligentes y no de tablas de calorías, etc.) que sabemos que también funcionan aunque no sean nuestro lugar seguro.
Para mí, desde ya hace unos meses, quedó 'prohibido':
- Decirme cosas feas a mí misma: qué estúpida, qué gorda y horrible soy, no voy a cambiar nunca, todos son mejores que yo, no tengo nada bueno. Recuerden que la mente le hace caso a todo lo que nos decimos. De hecho me digo lo contrario, es decir, trato de reconocer las cosas que hago bien, de recordar lo que he logrado, de estar de mi lado.
- Perder la calma, hacer algo impulsivo. Al contrario, me contengo, dejo que la angustia me abandone (como siempre lo hace) luego de 5 ó 10 minutos. Incluso 200, vale la pena.
- Vomitar, atrancarme. Como lo he dicho antes: son el origen de los problemas de peso y obsesiones, no una consecuencia ni una solución.
- Lastimarme. Es más rico cuidarme, consentirme, buscar lo mejor para mí misma, descubrir y volver a ensayar fuentes de placer (por algo he hecho post completos sobre listas de placer).
- Hacer algo que sé que no tendrá los resultados que quiero. Por ejemplo, una dieta extrema, vómito, tratar de manipular a mi novio. Einstein lo decía mejor: "Sólo un estúpido hace lo mismo esperando resultados diferentes".
Y no hablo de prohibiciones que duelen. Por principio racional, la lista anterior tiene bajo la manga salud y placer duradero.
Para finalizar quiero hacer una pequeña reflexión sobre la foto que acompaña este post. Soy yo, esperando la línea de un subterráneo. Este retrato me hace pensar en lo feliz que soy cuando logro quedarme quieta y simplemente sentir (incluso detener los pensamientos), aunque el rsto del mundo se mueva a una velocidad vertiginosa.
Feliz año y gracias a las que se han pasado por aquí a dejar sus comentarios. Los leo todos, aunque no todos pueda responderlos.